La realidad de nuestra América Latina y el Caribe nos sitúa hoy en un continente profundamente interpelado por la violencia y la pobreza. En los últimos días, los sucesos en México han vuelto a poner de manifiesto la crudeza del narcotráfico, cuyas amenazas intentan sitiar nuestras comunidades educativas. Algunas de nuestras instituciones en esta dolida América Latina, se ven obligadas a trabajar bajo custodia policial y a evacuar nuestras instituciones ante la inminencia de ataques. Ante este panorama de asedio y vulnerabilidad, desde la Asociación Latinoamericana de Instituciones Metodistas de Educación (ALAIME), reafirmamos que nuestras instituciones educativas no son simples edificios, sino territorios de paz y bastiones de resistencia civil frente a la cultura de la muerte.
Esta lucha no es abstracta; se encarna en experiencias que marcan la urgencia de nuestra labor. Recordamos con esperanza la historia del niño que a los seis años ya formaba parte de una pandilla y que, doce años después, gracias a la capacidad transformadora del aula y del amor, logró graduarse y construir un proyecto de vida sólido. Sin embargo, también enfrentamos el asedio de las maras que exigen dinero a las instituciones a cambio de no perturbar su labor. Estas realidades nos obligan a cuestionar profundamente nuestras estrategias y a proponer prácticas que instalen el diálogo, la reconciliación y la cohesión social en contextos polarizados.
Sobre esta base de valores, ALAIME propone tres pilares institucionales fundamentales para el trabajo en nuestras escuelas:
① Calidad Educativa Transformadora
Entendida como una búsqueda rigurosa del saber y la producción de un conocimiento socialmente significativo, transdisciplinario e intercultural que intente modificar la realidad.
② Educación Inclusiva y Diversa, Ampliada
Una visión que va más allá de las necesidades especiales para convertirse en una práctica respetuosa de todas las formas de ser y pensar, dando señales de vida frente a los signos de muerte del mercado.
③ La Escuela Pesebre (Pedagogía del Cuidado)
El desafío de situarnos como aquel establo que alojó la vida; una pedagogía de la ternura que habilita el pensar, promueve el “nosotros” y combate el individualismo descarnado de estos tiempos.
Como bien señalaba Paulo Freire (1996):
El sentido ético de la presencia humana en el mundo, la comprensión de la historia como posibilidad y nunca jamás como determinación, es sustancialmente esperanzada y, por eso mismo, genera esperanza”.
No podemos naturalizar la deserción ni el miedo. Debemos habitar las instituciones desde una “esperanza críticamente construida”, esa que nace de la indignación ante la injusticia y de la convicción de que es posible construir un mundo nuevo.
Nuestra responsabilidad es espiritual y social, guiada por la exhortación de Jeremías 29:7 (NVI):
Busquen el bienestar de la ciudad donde los he deportado y rueguen al Señor por ella, porque del bienestar de ella dependerá el bienestar de ustedes”.
Trabajar por la paz en nuestras escuelas y universidades es, en definitiva, trabajar por el bienestar de nuestras ciudades y pueblos. Hoy, más que nunca, nuestras instituciones son el lugar donde el diálogo se vuelve crucial para que podamos ser plenamente humanidad.
Lic. Gabriela Amaya
Secretaria Ejecutiva



