Carta de Iquique 2018

Carta de Iquique 2018

CARTA DE IQUIQUE (2018)

Reunidos en la ciudad de Iquique, República de Chile, los días 5 al 7 de octubre de 2018, en el III Foro Internacional de Educación Metodista en América Latina, los representantes de las instituciones educativas afiliadas a la Asociación Latinoamericana de Instituciones Metodistas de Educación (ALAIME), reflexionamos acerca del tema “Educar desde la fe metodista en América Latina en un contexto diverso”. El foro contó con la participación de educadores/as provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Honduras, México, Perú, El Salvador, Costa Rica y Uruguay e invitados fraternales de Estados Unidos, en representación del General Board of Higher Education and Ministries (GBHEM) y del General Board of Global Ministries (GBGM), ambos de la United Methodist Church. Simultánea se desarrolló también el VI Encuentro Latinoamericano de Estudiantes Secundarios de ALAIME, con representantes de las instituciones educativas metodistas de Argentina, Chile, Peru, México y Uruguay. A continuación transcribimos la reflexión final de este encuentro:

Realizar nuestra tarea educativa exige el entendimiento de los contextos diversos en los que estamos inmersos, al ser realidades que nos enriquecen y que incluso nos rebasan en muchos aspectos de nuestro quehacer pedagógico. En un intento de contextualizar la temática que nos ocupa, damos inicio a esta carta con la tarea de conceptualizar el término diversidad a partir de los elementos discutidos en las plenarias.

Como instituciones educativas metodistas en América Latina, somos conscientes de que la diversidad no constituye un problema para nuestra praxis, pero sí observamos que la misma se erige en una realidad compleja que nos desafía hondamente. En este sentido, es importante reconocer que la diversidad enriquece la vida humana en todos sus órdenes y claramente existe desde los orígenes de la buena creación de Dios, por lo cual es constitutiva de la misma.

En segunda instancia, partimos de entender el contexto como todo aquello que rodea el trabajo de nuestras instituciones educativas, incluyendo la cultura en su sentido amplio, las costumbres, las creencias y las cosmovisiones que enmarcan el mundo de la vida. Si definir contexto resulta “fácil”, no es tanto así cuando intentamos definir la palabra diversidad, lo cual nos reta cumplir con tal tarea. De ahí la importancia de esta discusión y por ende, de este Foro Internacional.

Es así que la riqueza de esta jornada, radicó en la posibilidad revisar la temática desde distintas perspectivas: teológica, educativa, sociocultural y tecnológica, que posibilitaron espacios de diálogo, acuerdo y también de debate.

En esta línea, es fundamental reconocer en su totalidad la esencia de nuestro modelo educativo que ancla su riqueza en la cosmovisión wesleyana, la evidencia histórica nos permite observar que el metodismo podía ocuparse de diversas problemáticas sociales, culturales y religiosas con un carácter espiritual e integrador, constatando la sensibilidad y el amor por el prójimo. En el ámbito educativo, pone de manifiesto que el educar es también parte de nuestra tradición y que data del ejemplo mismo dado por Cristo Jesús. Wesley mostraba así su riqueza de pensamiento y su preocupación por el mundo en su complejidad, hoy tenemos la certeza, de que estamos aquí presentes porque personas diversas decidieron evangelizar y asumieron trabajar en contextos diversos, disponiéndose al servicio mismo como una dimensión central de ese amor que nos es dado en Jesús el Cristo.

Así, la riqueza misma del Evangelio nos permite entender la necesidad de ser creativos para mostrar diferentes realidades a diferentes personas y poder encontrar de esta manera respuestas a las distintas necesidades humanas que hoy se nos hacen presentes.

El abordaje teológico de la diversidad como concepto nos evidencia de que en sí mismo es un dato bíblico y permite poner claridad ante la dificultad para definirlo. Razas, lenguas, costumbres, ocupaciones y clases sociales nos revelan su complejidad, pero al mismo tiempo, permiten constatar su aceptación y amor por parte de Jesús en la tradición bíblica. Por ello, aceptamos entender la diversidad como algo más que la mera complementariedad, ya que como fenómeno universal, ciertamente nos abre la posibilidad de convivir. La convivencia en la diversidad exige sensibilidad, reconocimiento del otro.

Esto nos impele a que la excelencia pedagógica y ética de nuestros sistemas educativos, debe radicar precisamente en ese trabajo profundo por el rescate de los valores que transmitimos y en nuestra responsabilidad por el papel que hoy cumplimos en la sociedad, en gratitud por la oportunidad social que tenemos al educar. El deber social, nuestra “vocación de servicio” debe marcar diferencia. De allí el carácter nodal del pensamiento crítico, la solidaridad, la libertad y la democracia que necesitan impregnar enteramente nuestro trabajo educativo.

Nuestra América fue y es hoy más que nunca, un mosaico de naciones, culturas, lenguas, religiones y tradiciones múltiples, que ciertamente se reconocen plurales, híbridas y dinámicas, las cuales se enriquecen día a día en profundos procesos de comunicación, intercambio y también tensión social. Esta realidad compleja nos convoca como instituciones educativas metodistas a repensar y redescubrir el sentido crítico del pensamiento wesleyano, en un contexto donde la exterioridad de ese otro producto de la modernidad, se condensa en los Pueblos Originarios, las comunidades afrodescendientes y los excluidos de nuestra tierra.

Es aquí donde la interculturalidad como concepto nos convoca al diálogo con esa otredad que nos constituye, rescatando la importancia que reviste el pensamiento de los Pueblos Originarios para la relectura crítica de nuestros proyectos y currículas educativas, donde la ciencia en general así como la pedagogía, la ética y la teología en particular, pueden abrirse a la riqueza de una nueva manera de comprender nuestro ser en el mundo, donde el orden y la armonía de la creación implican que la especie humana es parte de la misma mas no su dueña, los principios de la reciprocidad y la redistribución se erigen por sobre el de la competencia, así como la ciclicidad del tiempo, permite entender la historia humana como un campo de tensiones creadoras.

Finalmente, el reto sociocultural y tecnológico contemporáneo, nos empuja a comprender la valía de la educación intergeneracional y tecnológica. Introducirnos al entendimiento de los estereotipos como el conjunto de información que nos permite interactuar con la realidad, pero que al mismo tiempo genera juicios de valor que nos estorban a nivel interacción generacional, debe invitarnos a reconstruir la educación desde nuevas bases y desde una proyección donde el futuro interactúa con el presente.

Dos vertientes de trabajo resultan importantes en la comprensión de la problemática desde esta perspectiva: la comprensión misma de los comportamientos y de las características de las personas, parecen ser la luz en nuestro trabajo presente y futuro, ya que nos vuelven empáticos con el otro y principalmente con ese otro proveniente de las nuevas generaciones.

 

COMPROMISOS

  • Nos comprometemos a profundizar la dimensión de misión espiritual y liberadora presente en nuestras instituciones, del hacer evidente y potenciar lo que el Señor ya ha puesto en aquellas vidas que nos está confiando.
  • Nos comprometemos a ser creativos para hacer presente el Evangelio de manera no tradicional, sino a partir un diálogo significativo entre pasado y presente, Palabra y contexto, donde la fusión de horizontes se enraíce en aquellos principios nucleares que nos revelan a ese Dios de vida, que aún hoy nos sigue hablando (Juan, 14.26) y que es necesario, siga hablando a nuestros niños y jóvenes en sus propios símbolos, palabras y sentires.
  • Nos comprometemos a despertar la sensibilidad de nuestros corazones para cumplir la Gran Comisión, donde la vida ética (la santidad bíblica de las que nos hablara Wesley, tanto personal como social) a la que somos llamados como metodistas, se manifieste en Nuestra América mediante el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, igualitaria e inclusiva.
  • Nos comprometemos a entender que la diversidad radica en la comprensión de los comportamientos y características de las personas en su alteridad radical, más allá de los juicios de valor que ponen la ley por sobre la gracia, de manera que la empatía y la tan rica pedagogía de la ternura, sean el norte a seguir.
  • Nos comprometemos a escuchar el sentir de nuestros jóvenes que en este evento se han expresado y que también reconocen la crisis de valores. Enfatizan la observación de procesos de enseñanza incoherentes en la práctica, no entienden el mundo perfecto (amor y justicia) que le mostramos y eso les inquieta su proceder cotidiano. La reflexión producto de este ejercicio, les compromete a llevar el mensaje de esperanza a sus instituciones, a trabajar unidos para promover la inclusión como sello en nuestras comunidades educativas y a convertirse en actores principales de este cambio. A ser sujetos y no objetos de la sociedad.

Parafraseando a Edwar T. Hall, la cultura esconde más de lo que revela, situación que nos plantea los siguientes desafíos:

Entender verdaderamente nuestra propia cultura educativa metodista, para no tergiversar la tarea.

Acercarnos a las nuevas generaciones y entender su comportamiento, su vida y su sentipensar, para ser más efectivos y éticos en nuestro caminar educativo.

Y finalmente, aceptar que existen perspectivas del término diversidad que aún deben ser abordadas en el tiempo por venir: diversidad sexual, dialogo interreligioso, interculturalidad, capacidades diferentes, diversidad étnica, (Pueblos Originarios y Comunidades de Afrodescendientes) así como migración y violencia, constituyen los grandes desafíos a afrontar desde nuestra rica historia y nuestro futuro trazado por la esperanza.

 “Cuando el extranjero morare con ustedes en su tierra, no lo oprimirán. Como a un natural de ustedes tendrán al extranjero que more entre ustedes, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fueron en la tierra de Egipto. Yo el Señor su Dios.”Levítico 19:33-34

 

Iquique, Chile 7 de octubre de 2018.

 

Comisión Redactora:

Ivonne Bonilla, Capellana Instituto Mexicano Madero- Centro, Puebla, México.

Luis Vázquez, Capellán Colegio Ward, Buenos Aires, Argentina.

Esther Portillo, Directora Universidad Madero Campus Papaloapan, Oaxaca, México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *