ALAIME acompaña las acciones tendientes a sostener relaciones de género justas y desde el Crandon de Montevideo, Uruguay, destacan su importancia.

Educar para sostener relaciones de género justas: mensaje de la pastora Inés Simeone (Instuto Crandon) a propósito del Día Internacional de la Mujer

En 1975, las Naciones Unidas institucionalizaron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de visibilizar la lucha por la igualdad de género. A propósito de la celebración de este año, convocamos a la pastora Inés Simeone en su carácter de teóloga y especialista en estudios de género para conocer el lugar de la mujer en la Iglesia Metodista. Las cuestiones de género han sido uno de los temas de mayor preocupación de la pastora Simeone, asunto que abordó en su tesis de Maestría (Universidad Metodista de San Pablo, 1996). Desde entonces, ese interés ha estado definido por el rigor académico, la fe y la pasión.

¿Cuál es el lugar que la mujer ha ocupado en la Iglesia Metodista?
La Iglesia Metodista nació en el siglo XVIII en un medio donde las mujeres, de alguna forma, ya reaccionaban frente a la dominación masculina. Muchas mujeres pobres tenían que poner el hombro y prácticamente resolver todo lo cotidiano. Además, las mujeres tuvieron un papel importantísimo en la evangelización porque, de casa en casa y de amiga en amiga, fueron llevando la esperanza a través del Evangelio. Pero la historia escrita nos muestra a los hombres. Cuando fui a hacer mi Maestría, encontré en cartas y diarios un montón de acciones de las mujeres que no figuraban en la historia oficial. En la Iglesia Metodista el lugar de la mujer ha sido muy activo. Lo muestran los datos estadísticos. Puedo asegurar con pruebas académicas que la mujer, desde el principio, fue parte del movimiento metodista. Ellas predicaban, protestaban, pedían, se involucraban. Después, en el siglo XIX, en Estados Unidos las mujeres comenzaron a participar en el metodismo del norte, en Boston y en New York. Querían ser parte de las asambleas y comenzaron a luchar por un espacio político dentro de la Iglesia. Les llevó veinte años lograrlo porque la participación siempre fue un espacio de lucha.

¿Y en América Latina?
En América Latina, por ejemplo, la primera pastora presbítera ordenada fue Hilda Vence, una uruguaya. La Iglesia Metodista en Uruguay, en los años en los que no se hablaba del tema género, tuvo cuatro mujeres en el rol de la Presidencia porque ha sido una Iglesia con mucha participación femenina, tanto que en los registros históricos figura que las mujeres representaban el 70 % de la congregación.

Crandon es una Institución fundada por una mujer
Sí, fue una uruguaya: Cecilia Güelfi. Ella tuvo, además, el apoyo de la Sociedad de Mujeres para Ultramar. Se sabe que antes de la fundación de las escuelas evangélicas, la Junta de Mujeres de la Iglesia Metodista de Estados Unidos ―la del norte, muy abierta e interesada en la participación social― había pedido a las misioneras que estaban en el extranjero que se dedicasen a trabajar junto con las mujeres locales. Pensaban, con razón, que las mujeres nativas tenían derecho a la educación y al crecimiento, pudiendo ser un excelente instrumento de evangelización.

La Sociedad de Mujeres de Ultramar se entera de que Cecilia Güelfi quería abrir una escuela y así comienzan a apoyar la obra uruguaya. Después, cuando vinieron las primeras misioneras, la propuesta pedagógica marcó una diferencia: era inclusiva y la mujer tenía valor propio. La mayoría de las mujeres eran educadas en conventos y escuelas religiosas con una visión moralista, se las preparaba para ser amas de casa y obedecer. Las mujeres metodistas vinieron con otra impronta; buscaban darle valor a las mujeres locales y ayudarlas a crecer como tales. Ahí nació la diferencia en Crandon. Mis tías fueron al Colegio en los años 30. Cuando volvían a Florida ―eran de Sarandí Grande― contaban que jugaban al tenis, cantaban, bailaban y hablaban de temas que no se hablaban en otro lugar porque la educación metodista en el Uruguay, y también en otros lugares del mundo, llegó para darle valor y ayudar a crecer a las mujeres.

¿Qué reflexión te merece este 8 de marzo como historiadora metodista comprometida con la perspectiva de género?
El Día Internacional de la Mujer ha tenido muchas etapas. Hubo algunas muy confusas y de repente recibías flores y te felicitaban porque eras mujer. Pero hoy nos hemos puesto en otro lugar. El tema de la mujer está claro para muchas de nosotras, pero es muy difícil para otras que viven en contextos más desfavorecidos. La toma de conciencia y el grito de equidad de las mujeres está causando reacciones en los hombres que son mucho más fuertes de lo que esperábamos. Muchas de las mujeres que hoy en día mueren lo hacen porque toman conciencia y van de frente contra una pared llena de machismo y prejuicio. Cuanto más avanzamos, las reacciones pueden ser más fuertes. Por eso, en este Día Internacional de la Mujer, la reflexión debe estar en la continuidad de la lucha y que las mujeres seamos auténticas y solidarias con nuestras compañeras y hermanas. También seguir con la lucha de equidad y ayudar a que los varones cercanos entiendan el cambio. Sé que se hace, pero tenemos que ser muchísimo más fuertes y no permitir que nos consideren exageradas o violentas porque no lo somos. En síntesis, mi mensaje es no dejar caer la lucha y tomar conciencia de que la educación para las relaciones de género justas tiene que existir con firmeza y, en eso, las instituciones educativas tienen mucho para hacer.